Sobre el ijo de murphy

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el ijo de murphy, el cabrón espacial, es un personaje.

Originario del planeta Linn-Ares (“que está a tomar-por-culo-años-luz", según sus propias palabras), llega al planeta Tierra y, aunque sin superpoderes como en el caso de Súper-súper-mán, sí al menos convertido en músico de rock interestelar.

Linn-Ares, el planeta de el ijo de murphy, situado en la Constelación de Cabra, es la capital del universo conocido, aunque éste no lo sepa. La máxima de la gestión Linn-Ares es “que no se mueva, que no se note, y que no traspase”, así, son sólo los Linn-Arenses los únicos seres que gozan de la inmortalidad de la carne y de la telepatía, descubrimientos autóctonos que no han facilitado al resto de civilizaciones inteligentes.

Existe un un cónclave de sabios, los DOS-CINCO, que puntualmente supo infundir vigor y vitalidad a la decadente existencia de un planeta de tan aburrida historia. Sin embargo, los que fueron vanguardistas en su momento, fueron los más conservadores después, y más tarde condenarán a el ijo de murphy, como se cuenta continuación.

El ijo de murphy es hijo del Gran Supremísimo de Linn-Ares, cabeza y guardián de la evolución tecnológica, científica, y espiritual del universo conocido. En una ocasión, mientras el ijo de murphy registraba el gabiente de su padre en busca de algo de dinero, encontró en una recóndita caja de zapatos un Aleph (siempre se ha creído que los Alephs son universales... pero no es así, hay un Aleph universal y después hay Alephs específicos para zonas del universo, o Custom Alephs).

Aquel Aleph en concreto era una Aleph de la Tierra, es decir, una representación espacio-temporal del planeta Tierra. El ijo de murphy quedó tan impresionado que ya nunca fue el mismo, y volvió repetidamente, día tras día, para observar a hurtadillas el Aleph, quedando a la vez horrorizado y fascinado por lo que iba asimilando. A raíz de todo ello, inició una revolución, unipersonal, pero muy peligrosa.

Comenzó a telepatizar en público despotricando contra la inmortalidad artificial (base de la civilización de Linn-Ares), descalificando incluso la telepatía. Los DOS-CINCO, que velan por dicha civilización, unieron sus esfuerzos para que los pensamientos de el ijo de murphy no revelasen a la sociedad su maravilloso descubrimiento: los terráqueos, seres miserables cuyas vidas duraban un suspiro, habían dado con la fórmula de una inmortalidad orgánica, racional, pues pese a que sus cuerpos se desintegrasen en la tierra, lo más siginificativo de sus almas fluía en el conocimiento de los demás, de los que aún estaban, y de los que vendrían. Una inmortalidad viva, fluctuante, simplemente maravillosa.

Y qué decir de la comunicación. El ijo de murphy condenó la telepatía mediante tres fuertes argumentos:

  • La telepatía es un medio de comunicación demasiado abierto, pues favorece la puesta en común de todos los pensamientos de la sociedad, incluidos los referidos a un grano purulento exprimido fente al espejo, o a los dolores y padecimentos de una anciana con meteorismo...
  • Un medio de comunicación paralizante, pues la telepatía no permite la mentira, la machaca apenas esta surge, por lo que la verdad no tiene interés, y por tanto no hay necesidad de búsqueda.
  • Es un método gris y anodino, pues no requiere voluntad alguna ya sea por parte del emisor o del receptor. Refiriéndose a los terráqueos, el ijo de murphy alabó que, al no ser telépatas, habían desarrollado infinidad de maneras de comunicarse, muchísimas atroces, pero la mayoría hermosas. Muchas claras y diáfanas, otras sutiles, ingeniosas, imperceptibles, y todas ellas al servicio de la verdad, la mentira, la destrucción, el ejercicio o la ganancia de poder... en definitva herramientas para conseguir la inmortalidad verdadera.

El ijo de murphy achacó a estos males la gran decadencia de Linn-Ares, una vida eterna desprovista de novedades, pasiones y ansias.

Los DOS-CINCO, concentrados hasta el desfalleceimiento, lograron impedir la propagación de sus pensamientos y, por fin, condenar a el ijo de murphy a la extracción del tercer ojo, dispositivo neurofisiológico que posibilita la telepatía y la vida inmortal de la carne. Su padre, el Gran Supremísimo, sin poder defenderlo, lo miraba reprobatoriamente, negando una y otra vez y suspirando “pero qué he hecho mal”. Finalmente, enternecido por el manojo de llanto y sufrimiento en que se había convertido su hijo, decidió ayudarlo en su gesta personal. Así, puso a su disposición “La Seíllas”, una cosmonave de coleccionista, le proporcionó un DATA (Detector Amplificador de Tapas y Aperitivos) para que siempre tuviese la opción de hallar vida inteligente, y le dio algo de dinero que llevaba encima.

-Hijo mío –le dijo- haz lo que tengas que hacer, y que las Tapas te acompañen, ijo querido, amado hijo mío.

el ijo de murphy, feliz y con gran determinación, gracias al apoyo de su padre, escapa de Linn-Ares con la idea fija de llegar hasta el planeta Tierra, en una larguísima odisea en la que hará escala en “planetas a punta pala” (según sus propias palabras), gracias al DATA. Cada una de estas visitas a distintas civilizaciones inteligentes son anotadas cuidadosamente en cuaderno de viajes que ha titulado “De tapas por el Universo”.

Pero eso no es más que el cominezo de una serie de increíbles aventuras que finalizan con la dramática llegada de el ijo de murphy, moribundo, a la tierra.

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